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El Ayuntamiento de Catarroja retira tortugas invasoras del Port para evitar su proliferación

La presencia de estos galápagos pone en peligro las dos especies autóctonas que se están reintroduciendo en la Albufera

dijous 25 d’abril de 2019, per  AE-Agró

En el Port de Catarroja es habitual ver las cabecitas de las tortugas emergiendo para tomar aire cerca de los pantanales flotantes, donde casi siempre hay visitantes paseando a los que les llama la atención, pero lo que puede parecer algo propio y característico del lugar es una señala de alarma que mucha gente no sabe interpretar.

ADA DASÍ, Miércoles, 24 abril 2019.

Estos pequeños galápagos que se asoman como si fueran a saludar son tortugas de Florida, una especie invasora que compite por el territorio con las dos autóctonas, la europea y la Mauremys leprosa. Hace unos días, un vecino, usuario del Port, advirtió al Ayuntamiento de Catarroja de la presencia de estas tortugas en un lugar determinado.

«Estamos tan acostumbrados a verlas que no les hacemos caso pero es que no son parte de nuestra fauna», explicó para este periódico. Tras varios avisos, la Concejalía de Medio Ambiente tomó cartas en el asunto y se retiraron casi una decena de estos galápagos que fueron a parar a una piscifactoría.

Dada la proliferación de esta especie, desde esta área advierten de que «no está permitido la suelta de animales en zonas públicas» y avanzan que, en breve, iniciaran una campaña de concienciación en las redes sociales para informar de los peligros que entraña para la fauna y flora autóctona.

Y es que casos como este se repiten en otras zonas del municipio como la laguna del parque de Les Barraques donde también es habitual verlas. Aunque el problema de esta suelta incontrolada de animales exóticos es cuando se hace en el Port, que forma parte del Parque Natural de la Albufera y está conectado por la red de acequias y canales con la reserva natural del Tancat de la Pipa. En este centro llevan nueve años tratando de recuperar las dos especies de tortugas propias del lago, la europea y la leprosa, con la introducción de nuevos ejemplares a través del Projecte Emys.

A principios del mes pasado, un visitante se encontró en una senda peatonal con una cría de galápago europeo, recién salido del nido, que fue trasladado al Centro de Experimentación de Especies Dulceacuícolas de la Comunitat Valenciana para que crezca en cautividad y después soltarlo en el Tancat. Pero su descubrimiento es la prueba de que las tortugas «se están adaptando al hábitat y están estableciendo aquí su población», como señalan desde Acció Ecologista Agró.

«Es difícil constatar si se han extendido a otras zonas cercanas como el Port de Catarroja, a través de las acequias porque no llevamos un seguimiento», explica el responsable de Agró en el Tancat de la Pipa, Matthieu Lassalle, «pero uno de los proyectos para esta primavera es instalar emisores GPS para saber por dónde se mueven o dónde hacen sus nidos».

Por eso es importante localizar y sacar del hábitat a los ejemplares invasores sea el que sea el lugar en el que se localicen. «Nos reunimos con los pescadores de las cofradías todos los años, como El Palmar y Catarroja, para advertirles de que en el caso de capturar alguna tortuga exótica lo comuniquen a la Conselleria», explica. De hecho, «suelen advertir de la captura de algunas de ellas pero ninguna autóctona».

Estos ejemplares se trasladan al Centro de Recuperación de Fauna Salvaje de El Saler donde «entran por centenares, incluso por miles», como señala Matthieu, «aunque la Albufera es uno de los humedales valencianos menos afectados por esta plaga».

La legislación valenciana limita la comercialización, transporte, introducción o liberación de 30 especies de flora y fauna, cuatro géneros de flora y todos los cangrejos de río exóticos. Además se incluyen 34 especies y seis géneros de plantas adicionales con ciertas limitaciones de uso. Una de ellas es la tortuga de Florida, el animal exótico vendido como mascota que más se ha expandido y aunque está prohibida su venta se continúa comercializando.

«La gente las compra y luego cuando se cansan las sueltan en el medio natural pensando que hacen un bien pero va en contra de las especies autóctonas», comenta.

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